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15 de octubre de 2008

SuperVagancia 4

Inspirado en un texto de Ed (ver el link para más precisiones)

Tuve la oportunidad de redimirme al alcance de mi mano, aunque más bien diría de mi vista. Llevo una tremenda cantidad de meses sumergido en los placenteros mares de la ociosidad. Televisión, internet, libros (no, libros no, porque te hacen pensar) en fin, la nada misma.
En el Sindicato de Superhéroes se cansaron de ofrecerme horas extras: “que Superman se fue de joda con Luisa Lane”, “que Batman se reencontró con Robin y cambió Ciudad Gótica por los hoteles alojamiento”, y así sucesivamente (no les doy más ejemplos porque me da fiaca, no porque no conozca más superhéroes)
Pero nada. Ojo! Acepto la crítica fácil de “vos no estás hecho para esto”, “dedicate a otra cosa”, “vivís de joda y no ayudás a nadie”, etc, etc. Pero lo que no acepto es el insulto gratuito ni las escupidas. Yo no tengo la culpa de que el Estado falle por todos lados. Resulta que por culpa de la inoperancia de los gobernantes, ahora todo recae sobre los pobres superhéroes, como si fuéramos el 911 del mundo. No señor, yo quiero tener mi tiempo libre y no tengo por qué estar pendiente de la gente. “Lo mío es servicio, no esclavitud” (me gustó ésta frase, la pronunció el comisario que no me quiso tomar la denuncia del robo de la bicicleta porque estaba tomando mate) Bue, me fui por las ramas. Del pensamiento frontal al lateral, luego al trasero y dí toda la vuelta.
Les contaba que tuve la oportunidad de redimirme cuando ví que salía del supermercado una señora cargada de bolsas, la iba a ayudar a que pueda subir todo a su auto (un dodge 1500 destartalado), pero justo me acordé que en diez minutos empezaba el partido de Argentina. Alcancé a saludarla y le dije “espero que pueda cargar todo sin problemas”.
No entiendo bien por qué me puteó.

Diego M

24 de junio de 2008

SuperVagancia 3

Al igual que mi creador, yo estoy pasando por una ruptura muy dolorosa en éstos días: el sábado me rompí un ligamento del tobillo en el partido mensual de Superhéroes vs Villanos. Y no pude hacer uso de mis superpoderes contra nadie, porque yo solito fui a buscar la pelota al lateral y, debido a la lluvia del día anterior, resbalé, caí mal, me doblé el tobillo y crack, ouch, ninu ninu ninu (sirena de ambulancia, por si no se dieron cuenta) El muy turro de Superman no me quiso llevar a la clínica porque tenía miedo de que se agrave la lesión.
Desde ese día mi vida transcurre frente al monitor de la pc o frente a la ventana (cuando me cortan la luz) Estoy con una pesada bota de yeso en un pie, y con el teléfono en la otra mano para encargar los medicamentos, las pizzas y las empanadas.
Vivo conectado en el messenger, intentando cruzarme con Superman, Batman y el Increíble Hulk, para charlar y convencerlos de que me vengan a firmar el yeso.
Los médicos dijeron que por seis meses no voy a poder volver a jugar al fútbol, pero eso también significa que no puedo ejercer mis tareas como superhéroe, así que la ecuación cierra perfectamente.
Había leído por ahí que la vida es jodida, pero la verdad es que no la estoy pasando tan mal.
Los dejo, voy a llamar al Blockbuster a ver que me pueden traer.

Diego M

18 de enero de 2008

SuperVagancia 2

Alguna vez trabajé. No les será difícil deducir por mi nombre, que nunca me gané el premio del empleado del mes, ni de la semana, ni siquiera del día. La solapa de mi camisa sucia siempre estuvo vacía de pins. La gorrita mal puesta, la cabeza llena de pensamientos extraños, las zapatillas desanudadas. Ese era yo.
Mi carrera laboral no fue una carrera. Fue una caminata de domingo. Una meseta. Por extraños motivos (que no les voy a comentar, por lo menos en éste texto, pero, si quieren, un día nos sentamos a tomar una birra bien fría y les cuento, porque a mí, como a varios, la lengua se me afloja con un par de tragos) ¿Qué les estaba diciendo? Ah! Que por extraños motivos pude enderezar mi vida (es decir, vivir sin laburar) pero siempre sentí una mínima cuota de culpa. Muy mínima. A partir de esa minimitud decidí hacer algo por los pobres trabajadores convirtiéndome en SuperVagancia.
Esa conversión al ramo de los superhéroes ahuyentó la culpa por un buen tiempo. Pero, como todo, a veces vuelve. Como hoy, que después de comer la quinta empanada me sentía más que lleno. Pero la pobre sobreviviente me miraba con sus ojitos tristes de empanada solterona. Y sí, sentí culpa, pero ¿quién puede resistir la hermosa tentación de una exquisita empanada chorreante de carne condimentada y cortada a cuchillo?

Diego M

3 de octubre de 2007

SuperVagancia


Porque necesitabas a alguien que esté en las cosas chicas. Alguien que te alcance un café el día en que dormiste dos horas y tu jefe anda rondando. Alguien que te tire algun dato en un parcial para el que no te pudiste preparar bien porque tus vecinos ensayaron con la banda toda la semana. Alguien que te prepare la comida justo ese día en que el tránsito, el laburo y el universo se cruzaron en tu camino para que llegues a cualquier hora a tu casa. Alguien que te actualice el blog porque a vos no se te cae una idea.
Para solucionar estos simples problemas y muchos otros más no tan simples pero muy cotidianos, llegooooó...

SuperVagancia (así, sin espacio entremedio, porque le dió fiaca)

No tenemos fotos de éste enigmático personaje. Prometemos subirlas al blog en cuanto las tengamos.
Eso sí, no todo es color de rosa en ésta vida. Como su nombre bien lo indica, este admirado superhéroe es cultor del "cero esfuerzo". Puede ser que lo llames para pedirle un favor y él te diga que prefiere seguir con su siesta reglamentaria (por favor, evitar llamados de 15:30 a 18 horas)
En fin, como dijo alguna vez mi abuelo: "Superhéroes eran los de antes, los tipos como Batman y Robin, que se ponían esas calzas ridículas de color que le marcaban todo el bulto, y así y todo salían a perseguir a los malhechores"
Mi abuelo tiene una opinión muy parcial de SuperVagancia. Hace un par de meses necesitaba un "corega" para pegarse la dentadura postiza y lo llamó, pero SV nunca vino. Así que mi abuelo tuvo que cambiar el mate con churros por una papilla de banana con azúcar, pobre viejo.
Sigan atentos al Urbanicomio, desde acá les contaremos las andanzas de éste personaje tan particular.

Diego M