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1 de diciembre de 2009

Historias obreras para coleccionar y anillar 2

Te quedaste sin trabajo. ¿Te quedaste o te dejaron? No fuiste vos, fueron ellos. Ahora voy entendiendo. Me decís que te armaron algo como para echarte, ¿y que no te pagaron ni un peso? no puede ser, aunque ahora que me decís que es una empresa multinacional... ¿de capitales estadounidenses? unos yanquis de mierda entonces. Sí, puede ser como me contás. Jodido el tema, pero tenés que disfrutar de tu tiempo libre, se viene el verano, el sol. Claro, querés disfrutar pero sentís culpa por la falta de trabajo. Te entiendo, pero tenés que relajarte, hacerte una escapadita de unos días. Claro, pero no querés gastar un peso porque te largaron de patitas en la calle y encima en diciembre. Sí, buena gente tus empleadores. Tal vez pensaron en darte el verano libre como para que arranques con todo en marzo. Sí, lástima que para arrancar con todo te tienen que llamar de alguna empresa ¿no?
Ahora, dejame que te de una opinión ¿te parece que te conviene volver a meterte en una fábrica? digo, por todo el cuento ese del sistema, que te oprime, que no te deja ser libre. En este momento sos libre, estás medio afuera del sistema, ahora es donde tenés que ser feliz. Claro, pero el sistema te vende que la felicidad va de la mano de la guita, de lo lindo que es comprarte ese cd, o poder comer un buen asadito. Te entiendo, pero en tu lugar, no sé, me convertiría en artesano. ¿Te diste cuenta que ellos van a otro ritmo? prestales atención, fijate como están en el puesto, o tranquilamente sentados en el medio de la vorágine de la ciudad. Te entiendo, tenés que tener alma de hippie para vivir así, pero debe estar bueno. ¿Por qué yo no soy artesano? no sé, supongo que nunca aprendí a hacer boludeces de ese tipo, soy un bicho de fábrica también.
Volviendo a lo principal, veo que te interesa meterte de nuevo en el engranaje de la vida. ¿Por qué te lo digo? porque ví que hoy fuiste a una entrevista. ¿No fue una entrevista? ¿en serio me decís? ¿fuiste a llevar un currículum y al llegar a la oficina sólo había un buzón? pero ese es el colmo del ahorro, ¡ni siquiera ponen una persona como para que te salude! que desastre, las relaciones humano-empresariales no me dejan de sorprender. ¿Cuando llegará el día en que te llamen a la oficina de Recursos Humanos (¿o des-humanos?) y ahí te atienda un robot directamente, y te diga que quedás desvinculado y no te dé ni las gracias? Claro, por qué te van a dar las gracias si ellos te pagaron puntualmente cada mes de todos los que vos laburaste, tenés razón.
Al final me doy cuenta de que sos un desagradecido, y encima querés salir totalmente del sistema que tan bien te trató en éstos 13 años. Andá, tomate un micro al sur, andate a El Bolsón a fumar porro con esos hippies sucios, andá a venderle boludeces a los turistas mientras yo sigo feliz laburando 9 horas por día entre éstas hermosas cuatro paredes.


Diego M

20 de octubre de 2009

Historias obreras para coleccionar y anillar

Hoy me hicieron una audiometría. En tiempos de vacío de ideas, cualquier cosa que a uno le suceda y que esté medianamente fuera de la órbita rutinaria, debe ser plasmado en un texto, el cual, más temprano que tarde (e inevitablemente) será publicado en el blog. Esto que escribí vendría a ser algo así como la “Ley de Emergencia Bloguística ante la falta de ideas” capítulo 15, inciso 4wzf.
Volviendo a lo acontecido, decía que hoy me hicieron una audiometría (que no es la primera ni será la última). Para los desentendidos del tema (que supongo serán varios) una audiometría consiste en ponerte unos auriculares y pasarte a un volumen excesivamente bajo y a intervalos, unos pitidos que suenan mas o menos así: piiiiiiiiiiiiii piiiii piii. Entretenido ¿no? Te lo van cambiando de oído, como para que no te duermas, lo que por supuesto no ocurre, porque uno está compenetrado, queriendo oír mas allá de lo conocido, peleandole el trono del oído absoluto al recuperado Charly García.
Alguno se preguntará ¿como es que uno le hace saber al “audiometrista” ¿? si escuchó o no escuchó el semitenue pitido?. Conozco dos tipos de experiencias audiometrísticas:
-La primera consiste en levantar la mano del oído en que se escuchó el sonido (método “del saludo audiometrístico”) El punto negativo de este método es que, si la audiometría se estira lo suficiente, uno se queda con una buena contractura en el músculo del o los brazo/s. El mismo músculo que se contractura cuando se juega al padel o al tenis (y no me pregunten como se llama, por eso les doy esos datos y ningun nombre)
-La segunda consiste en pulsar una tecla “tipo velador” (método “del velador audiometrístico”). El punto negativo en éste es que al audiometrista no le calienta en que oído se escuchó el pitido, por lo que uno puede estar muy mal de un oído y fenómeno del otro y aprobás el examen con 6 (pero estás medio jodido).
El asunto es que cuando estoy por entrar al minigabinete en donde hacen la audiometría (creo no haberles contado que este examen (y otros) se hacen en un micro-bondi, tipo casa rodante vieja y hecha pelota) siempre estoy pensando en que la sobredosis de recitales que me dí en el correr del año seguramente me dejó el tímpano flameando y la/el audiometrista se va a dar cuenta y me va a bochar de la prueba y entonces de patitas a la calle, sin laburo y a empezar de cero (no, peor, de cero y encima mediosordo) Y ahora que leo esto, pienso en como le habrá ido con la audiometría al tipo que labura conmigo y es de apellido Del Sordo, no puedo creer que la haya aprobado.
Para finalizar les dejo el final ¿feliz?: salió todo bien y afortunadamente seguiré trabajando 9 horas al día (o más) en una empresa multinacional de capitales estadounidenses.
¡Que lindo!
Gracias por leer hasta acá y disculpen la actualización tan seguida del blog.

Diego M