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8 de septiembre de 2011

A la iglesia la hacemos entre todos

-... por todo eso es obvio que dios no existe
-¿Qué decís?
-Que por todas las razones antes enumeradas de manera más que clara por mí, llego a la conclusión de que no hay ningun tipo de ser ni inteligencia ni poder superior que regule o sea capaz de introducir ningun tipo de cambio en nuestras vidas ni en la humanidad en general
-¿Y en qué te basás para sostener tremenda paparruchada?
-En estudios psicosociofácticos empíricamente respaldados por grandes intelectuales y eminencias del saber
-¿?
-Bueno, en realidad me basé en lo que dijo una vez el "Chavo" Fucks: "La Biblia es la obra de ficción más grande y más popular que se haya escrito en toda la historia"
-Sos un impresentable ¿te das cuenta? voy a rezar dos padrenuestros hoy, pidiendo por la redención de tu alma perdida y descarriada, alejada de los caminos del Señor
-No te molestes. El rezo no va a llegar a destino, porque al no existir dios para mí, yo tampoco existo para él, entonces vos vas a rezar por alguien al cuál él no registra, no estoy en su base de datos...
-¿Pero que estoy escuchando? ahora estás hablando de Dios como si él existiera en verdad, te estoy convirtiendo poco a poco, ¡¡alabado seas!!
-¡Pará un poquito! te estoy contando la historia que vos querés escuchar, sólo para que me dejes tranquilo con mi "ateísmo"
-¿Vos sos ateo o agnóstico?
-Ni idea, pero lo que es seguro es que dios no existe
-¡¡Pará un poco con eso!! tené aunque sea un mínimo de respeto y agregale un "para mí" al comienzo de tu frase, porque si no te voy a tener que romper "cristianamente" la boca de una tremenda piña
-¡Epa! miralo al católico creyente y buena persona, ¡amenazando a un pobre descreído! te voy a denunciar al Inadi
-¿Al Inadi? yo no te estoy discriminando, solamente te estoy amenazando de que te voy a pegar si no dejás de decir estupideces y blasfemias
-¡dios no existe! ¡dios no existe! ¡dios no ex...

-¡Me rompiste la boca de una piña!
-Disculpame, yo no quería, pero Él entró a través de mi brazo y lo impulsó hacia tu mandíbula
-Estás más loco de lo que pensaba
-Escuchame, te lo digo en serio, dice Dios que dejes de decir boludeces o te manda un ataque al corazón con doble tapada de arteria
-Esto es inadmisible, convencer a la gente por la fuerza, es la vuelta a la época de las cavernas...
-Sumate ya a la movida cristiana, no lo dudes
-¡Ni en pedo!
-Dale
-No
-Oh gran Señor, cobija a esta alma descarriada bajo tu manto...
-¡dios no existe! ¡dios no existe! ¡dios no ex...

-Bueno, un ateo menos. A este ritmo, pronto seremos mayoría total y volveremos a ser la institución respetable y bien vista de los viejos tiempos. ¡Misas para todos! ¡Biblias para todos! ¡Amor, comprensión y benevolencia para... casi todos! ¡Alabado seas!

Diego M






Foto inspiradora (más una charla con Roberto y Darío, nuevos compañeros laborales)

26 de diciembre de 2009

De 10 a 15

Se quedó porque la fila para pagar era más corta que nunca. También había otras filas: para pedir monedas, para cobrar, para depósitos y algunas otras que él nunca había utilizado. Ni bien se puso en la fila se empezó a llenar de gente detrás suyo. Los que más le llamaron la atención fueron dos hermanos gemelos con camisas floreadas iguales. Y una señora con un sombrero rojo. El día transcurría tranquilo y la fila avanzaba, lenta pero implacable. Siempre había admirado la facilidad de cierta gente para entablar charla en el banco. Pero nunca había presenciado una charla tan animada como la del muchacho de bermudas marrones con el señor de boina negra. Parecía que fueran abuelo y nieto, pensó. Una señora de saco beige le preguntó si esa era la fila para pedir monedas, él muy amablemente le dijo que no y le señaló a su derecha. Se sorprendió al ver que la fila para pedir monedas ya contaba con unas treinta personas y dos curvas en forma de “viborita” para no juntarse con la fila de los depósitos.
El muchacho de bermudas marrones le contaba a su muy probable abuelo de boina negra que estaba de novio, que nunca se había sentido tan bien en la vida. El abuelo le preguntó desde hacía cuanto que salían y el muchacho le contestó que un mes y dieciocho días. El abuelo de boina hizo un imperceptible gesto de “me lo imaginaba” y le dedicó una tierna sonrisa al muchacho que podría haber sido su nieto pero no lo era. Alguien le pidió permiso desde su costado izquierdo. Dejó pasar a una muchacha de unos veinte años, que salía de la fila de depósitos, cansada de esperar. La fila de depósitos tenía ya más de cincuenta personas en su haber, y cuatro curvas en forma de “viborita” formando un zigzag muy gracioso. Giró y vió que la fila para pagar llegaba hasta los ventanales del banco. La gente había decidido apoyar sus culos contra el vidrio, porque el cuerpo les pesaba demasiado. Buscó la hora en su muñeca izquierda y se dió cuenta de que había olvidado el reloj en su casa. No importaba, hoy no tenía ningún apuro. Sintió un codo en su costado derecho, un señor de unos 45 años y pantalones de jogging le pidió disculpas, diciéndole que no había mucho espacio en el banco, nuevamente le pidió disculpas y le contó que estaba en la fila para reclamos, ya que había ido a cobrar, luego fue a la fila de pagos y la plata no le había alcanzado. Entonces cuando había ido a pedir monedas el señor del banco, de muy mala manera, le había dicho que no le podía dar monedas si no tenía dinero. El señor de pantalón de jogging le objetó que eso no era cierto, que él había tenido dinero unos minutos antes pero se lo habían sacado todo en la ventanilla de pagos. El olor a transpiración del señor de jogging le había empezado a molestar, era un olor lo suficientemente fuerte como para apartar la cara. Cuando la conversación le dió un respiro giró su cabeza hacia la izquierda pero se encontró con el hombro de una señora robusta. Ella giró sorprendida y le pegó con el ala del sombrero de paja en la frente. La señora robusta no sólo no le pidió disculpas, si no que lo insultó y le pidió que no intentara colarse en la fila para pedir monedas. Él estuvo a punto de decirle que era una maleducada, y que además, estaba equivocada porque la fila para pedir monedas estaba a la derecha. Pero decidió no decirle nada, estaba de muy buen humor ese día y prefería evitar discusiones inútiles. Ahora el abuelo de la boina negra le explicaba a su no-nieto de bermudas marrones que la jubilación no le alcanzaba ni para los remedios, pero igual venía a cobrarla porque era lo único que tenía. Entonces ahí sí él reaccionó y le dijo que esa fila era para pagar, no para cobrar. El abuelo de boina negra le dijo que no podía ser, con un gesto de desconfianza. Y decidió salir de la fila para preguntarle al guardia del banco. Claro que esto no le resultó sencillo, ya que la gente estaba muy apretada. A la derecha la fila de reclamos, a la izquierda la de las monedas (aunque él no estaba tan seguro de esto último), un poco más allá estaba la fila para cobrar (aunque el abuelo de boina seguía diciendo por lo bajo que la fila para cobrar era esa en la que él estaba) y más a la izquierda estaba la fila de depósitos. A ésa altura las filas se empezaban a entrecruzar junto con las conversaciones. Una señora de cartera azul le comentaba a un adolescente con mucho acné que necesitaba imperiosamente las monedas para viajar, mientras el muchacho le decía que no estaba seguro de que la plata que le había dado su madre le alcanzara para pagar todos los servicios, no podía estar seguro, decía, porque siempre lo habían complicado las sumas con decimales. Él logró avanzar una posición en la supuesta fila para pagar (supuesta para el abuelo, pero segura para él) porque el muchacho de las bermudas marrones se fue con cara de preocupación a buscar al abuelo de boina negra que había salido de la fila para preguntarle al guardia cuál era la fila para cobrar. Cuando estaba pensando en que tendría que reservarles los dos lugares por las dudas que el muchacho y el abuelo volvieran, volvió a ofrecerle conversación el señor de los pantalones de jogging. Decía que era sorprendente la rapidez de los cajeros del banco para atender. Que él venía de otro país en el cual era insoportable hacer cualquier trámite bancario. Debido a esto, le explicaba, su sueño siempre había sido ser cajero de banco, para atender bien a la gente y agilizarle los trámites, pero finalmente se había dedicado a los deportes. Ahí se hizo un silencio, como esperando la pregunta de él sobre que deporte era al que se había dedicado. Pero lo cierto era que él no había podido escucharlo porque no aguantaba el olor de su transpiración, y además, un niño había pasado agachado entre sus piernas, como simulando andar por un túnel, y le había pegado con la cabeza en los testículos. Él se había aguantado de darle un cachetazo porque le parecía que la madre del niño era la señora robusta y maleducada de sombrero de paja. Además, se había agachado levemente para tratar de mitigar el dolor sordo al cual el niño lo había sometido con sus juegos. También estaba pensando en si volvería o no el muchacho de bermudas y su no-abuelo de boina negra, porque la fila había avanzado unos pasos y él les seguía guardando los lugares. Mientras pensaba esto un nuevo codo se había clavado, pero ésta vez en el medio de su columna vertebral, no pudo girar para ver quién habia sido pero escuchó un “disculpe” levemente agudo a su espalda. Tampoco supo si esas disculpas eran para él ya que le había parecido que había varias personas que se habían pisado, o se habían clavado los codos o se habían pegado con el ala del sombrero en la cabeza de otro. De repente se abrió un pequeño surco en la marea humana a su derecha y el muchacho de bermudas marrones le dijo que muchas gracias por guardarle el lugar pero no era esa la fila que él iba a utilizar. O sea, le contó que él venía a pagar, y esa era la fila correcta, pero le había tomado tanto el gusto a la conversación con el abuelo de boina negra que había decidido acompañarlo a cobrar su jubilación. De ahí lo acompañaría a su casa y recién mañana volvería a pagar lo que sea que tenía que pagar. Él quiso saludarlo con un ademán de cabeza pero debajo de su barbilla había un señor petiso pelado de anteojos, el cuál lo insultó (sin darse vuelta ya que no había lugar) por el golpe que le había dado en la pelada. Él quiso disculparse con el señor petiso pelado de anteojos, pero también quería saludar al muchacho de bermudas marrones ya que le había caído bien y había tenido un gran gesto por tomarse la molestia de venir a avisarle que no le guarde el lugar en la fila para pagar. Pero no pudo hacer ninguna de las dos cosas ya que alguien quería pasar por su costado y había extendido una mano y los dedos anillados de la señora de saco beige que había ido a buscar monedas se habían introducido en su boca provocandole una leve asfixia. Él quería pedirle a la señora que retire su mano porque le faltaba el aire pero no podía justamente porque la señora tenía los dedos entonces él quiso hacerle un ademán para que la señora viera su cara violeta pero la señora no lo vió y entonces él la empezó a ver borrosa los dedos se aglutinaron más y más contra su lengua y la señora de saco beige que sólo había ido al banco buscando unas monedas se transformó en una silueta sin forma y el aire le faltaba y todo negro.

Diego M

2 de enero de 2009

Fantabulósico menjunje

Había una vez un ratón, de apellido común pero ilustre, que vivía en una casa toda hecha de dientitos. Juntarlos le había costado mucha plata ya que algunos niños especulaban con la fluctuación del valor mundial del calcio. Cerca de la casa del ratón vivía el gato Infélix, que cobraba una pensión por vejez pero no había perdido las mañas (ni llegaba a fin de mes). Infélix pasaba días y días enteros tratando de derribar la casa del ratón, sin éxito. Hasta que un día se le ocurrió una idea genial: prendió el aire acondicionado y lo puso en cero grados (a pesar de que el gobierno gatuno prohibía esas temperaturas). Entonces los dientitos empezaron a castañetear y la casa se fue desarmando poco a poco. Cuando todo estaba en ruinas, Infélix avanzó, la boca se le hacía agua pensando en el manjar que por fin iba a poder degustar. Pero grande fue su sorpresa al encontrarse a un ratón-lobo agazapado entre los escombros. Al ver los temibles colmillos ratonlobunos, el gato Infélix huyó, porque gato que huye sirve para otra fábula.
El ratón se quitó su falso traje de lobo comprado en La Salada y observó la huída con satisfacción. Luego de unos minutos, comenzó a juntar los dientitos y decidió que, a la próxima casa la pegaba con "La gotita", o se mudaba a un barrio con más queso y menos gatos y aires acondicionados.

Diego M

5 de noviembre de 2008

Llamado a la sociedad

Mediante este comunicado, la A.P.P.A. (Asociación Protectora de Peluches y Afines) pretende seguir generando conciencia en cuanto al trato responsable de nuestro protegidos.
No toleraremos más maltratos ni abandonos por parte de mayores ni menores. Estamos cansados de ver a inocentes conejitos, ositos, perritos y otros, morir de frío e inanición en plena calle o incluso caer en las garras de perros asesinos que terminan destripandolos, esparciendo su tierno y mullido relleno por todo el patio del hogar. Hogar que había sido suyo también, hasta que el niño o la niña que eran sus dueños decidieron que ya no servía más, que ya podían dormir tranquilos en las noches sin su compañía.
Señores: un peluche no es sólo un muñeco rellenado. Es un alma dulce y compañera que merece ser tratada dignamente y con amor.
Seguiremos luchando por una sociedad con adultos y niños más felices. Por un sueño reparador. Por más hogares llenos de conejitos, elefantes, perritos y ositos con corazones.


Pedro Pelucheti
Gerente de Marketing y Confección de A.P.P.A.

3 de junio de 2008

Excursión forzada

El planeta Neumonitis no es un lugar amistoso para habitar. En él abundan la tos, los mocos, los espasmos, los jarabes y también pueden encontrarse cierta clase de antibióticos.
Es un lugar que suele irritar al habitante medio. La temperatura suele ser elevada (38° C aproximadamente) pero no se pueden tomar allí bebidas frías, no señor. Allí son bien vistas todo tipo de infusiones calientes como el asqueroso té, el mate cocido mentiroso, o el mate solitario.
Entre las bondades de la estadía aquí, se encuentran: ver las películas que nos prestaron nuestros amigos y que estaban juntando tierra desde hace más de un año, estar tirado panza arriba la mayor parte del día, terminar los libros que la rutina no nos permite, etc.
He venido a explorar éste planeta para pasarles un informe detallado. Y para advertirles que, si no quieren venir a visitarme, deben salir bien abrigados en los días fríos, deben tener cuidado al hacer actividades físicas y no deben salir a la calle con el pelo mojado.
De nada.
(Nos vemos dentro de 72 horas)

Diego M

28 de abril de 2008

En directo

La ciudad se llenó de humo y decidimos salir a ver que opina la gente de éste particular fenómeno. Señora, dígame que le parece el humo en la ciudad, “me gusta, creo que le da un toque fashion europeo, siento que estoy caminando por Londres” Gracias señora. Seguime Tito, no te quedes corto con el cable. Señor, espere, no se vaya, queríamos preguntarle que opina de éste extraño fenómeno, “que quiere que le diga, la gente se asusta a veces, piensa que esto es algo inédito, pero lo cierto es que en el invierno del 44 hubo una niebla sobre la ciudad mucho más espesa que este humito berreta” Gracias por su opinión, señor. A ver, sigamos por acá, ¿qué le parece, señorita, el fenómeno del humo sobre la ciudad?, “nada, que tengo toda la ropa llena de humo, un asco, nada, tipo que no se puede andar con este olor encima”. Gracias por su opinión. Crucemos Tito, vamos a buscar más opiniones. ¿Tito? ¿dónde te metiste? Parece que el humo avanza y se hace cada vez más espeso. ¡Tito! ¿dónde estás? Después les traeremos más declaraciones, si es que encuentro a mi cameraman. Adelante, estudios centrales.

Diego M

13 de marzo de 2008

Jueves 13

No te cases, ni te embarques, ni comas chocolates, ni saltes un charco, ni compres un peluche, ni regales una sábana pintada, ni tomes una cerveza negra, ni compres un auto, ni actúes un monólogo, ni te cortes el pelo al ras, ni cruces la calle sin mirar, ni comas salchichas tres cruces, ni pidas parrillada para dos, ni juegues al T.E.G., ni hables con extraños, ni compres un celular, ni vayas al cine a ver una de terror, ni cumplas años, ni hagas ninguna de éstas cosas 15 días antes o 15 días después de cualquier jueves 13 de cualquier año. Porque...

Diego M

1 de marzo de 2008

Su pedido ha sido escuchado

Buenas tardes estimado hermano Carlos, le quiero hacer llegar por este medio mi respuesta a su plegaria, en la que usted me pedía que le aliviara su estadía en el trabajo. Le reitero que es un compromiso de mi gestión el dejar conforme a la mayoría de los feligreses. Paso a detallarle:

En el rezo de anoche le he realizado el pedido a San Expedito, el canal de comunicación que poseo para llegar a los oídos y al corazón del Supremo. El pedido (tal cual usted me lo realizó) incluye la reducción de la jornada laboral a seis horas diarias, con una hora de almuerzo y veinte minutos de desayuno incluídos. A su vez, también he pedido extender el fin de semana de dos a tres días, incorporando el día lunes al mismo. He escogido el día lunes ya que la gente lo detesta, y espero que agregándolo al fin de semana gane en popularidad.
También le he pedido un leve ataque de presión para su jefe (el que no concurre a misa y tiene dos amantes), que no le deje secuelas físicas pero sí en el alma y en su carácter, el cual ganará en benevolencia y paz.
En cuanto a su amigo Francisco (conocido por usted como “Pancho”), he pedido que esté conectado todo el día al messenger, como perrito faldero cibernético, dispuesto a seguir charlando sobre la falta de refuerzos de Racing, los planes para el fin de semana sin su mujer, los números que van a salir en la quiniela o lo que sea que usted necesite para hacerle más llevaderas sus horas laborales.
Espero que esté conforme con mi accionar, de no ser así, le pido que me lo haga saber en la próxima misa.
Hagase la paz en su alma y en su corazón (mientras sigamos recibiendo su diezmo).
Amén.

Fermín Dieguez
Cura Párroco
Licenciado en Marketing y Comunicación

25 de febrero de 2008

Divagues de almanaque

Charlando con Laris acerca de esa propaganda de cerveza ¿se acuerdan?

Aunque impusiéramos el día osvaldo, esto no implicaría que el domingo tuviera características de sábado. El domingo es domingo por naturaleza. El otro tema es si al día osvaldo lo colocamos después del domingo o antes del lunes, que no es lo mismo. Si estuviera después del domingo tendría más características de éste que del lunes. En el caso inverso las características serían inversas. Si toma cosas de los dos días sería trágico, porque las características de los días antes citados, combinadas, son terribles (esto está comprobado científicamente)
En conclusión, el día osvaldo podría llegar a ser un día de miércoles.

Diego M

21 de febrero de 2008

Eclipsados de realidad

Anoche Nahuel descubrió que la astronomía no es el fuerte de sus amistades. Buscaba compañía para ver el eclipse lunar sentado tranquilamente en el césped del planetario. Llamó al primero de sus amigos y lo invitó, la respuesta fue: "¿a quién se le ocurre programar un eclipse desde las 24 hasta las 3 de la madrugada? si hubiera sido de 21 a 23 por ahí voy, pero mañana tengo que trabajar temprano"
Continuó la charla algunos minutos más sin poder convencerlo. Al final intentó con el plan B amiguístico, y se encontró con esto: "mirá, a mí me dijeron que la Luna estaba en conflicto con la Tierra porque está reclamando un plus especial por eclipse, y otro porcentaje por avistajes en noches despejadas. Así que yo creo que hoy no se va a presentar en el cielo, en señal de protesta"
Estaba duro el asunto, y los tiempos se achicaban. Fue por el tercer y último intento, y entonces: "No te gastés, hoy a la tarde me dieron la data justa, los uruguayos le van a hacer un piquete al eclipse para que no se pueda ver en Argentina, en represalia por lo de Botnia"
Cortó.
Agarró la reposera y se fue, con el mate como único y fiel compañero, seguro de que la Luna iba a lucir espléndida, muy lejos de medidas de fuerza, problemas salariales, piquetes y otros tantos absurdismos.

Diego M

13 de diciembre de 2007

No sólo es arena cayendo

El tiempo se estira en la sala de espera del dentista, se aplasta en la tarde del domingo, se detiene en ese beso de lengua, se apiada en esa noche de soledad, se lamenta en una oportunidad perdida, se disfruta en la sangre de algun cuello dulce, se arrastra en el caparazón de la tortuga, se altera en la mente del poeta fumado, se derrite en la uña de tu monstruo.
El tiempo recorre tu existencia sin despeinarse.


Diego M

12 de junio de 2007

Bajas calorías

Ya me había hablado Cormillot sobre el poder adelgazante de mis mails. Yo no le creía porque pensaba que nadie podía adelgazar leyendo. Pero resulta que un día me leí la biblia de corrido y, mientras cabeceaba en las partes aburridas de la trama, notaba como mi panza se iba deshinchando como una piñata. Y de golpe me sentí flotando en un mar de grasa que eran caramelos y pizzas y empanadas y asados que venía acumulando desde años antes de empezar a leer la biblia de corrido. Yo que vos vendo la máquina para hacer ejercicios (esa que no entró debajo de la cama aunque los de la tele decían que sí) y me compro la colección completa de libros de Víctor Sueiro: el que se murió y volvió y después empezó a escribir sobre angelitos, túneles y luces místicas.

Diego Monrroy

27 de abril de 2007

Lo que dijo Mark

Si hay algo que me altera es la gente que escribe sin tener nada que decir. Ya lo dijo Mark Twain: "el hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir". Pero a su vez, mis dedos necesitan movimiento para activar la circulación de la sangre, la cual al moverse dentro de mis venas se va liberando de las grasas y los lípidos que yo introduzco en ella a través de mi boca en forma de alimentos fritos, grasos y extremadamente ricos, los cuales deberían ser prohibidos, pero si esto ocurriera mi vida ya no tendría sentido. Como verán, no paro de hablar de comida, lo que no quiere decir que tenga hambre, como dice mi amigo Mark, con el cual soy muy hipócrita ya que cito una de sus frases y lo llamo amigo pero nunca he leído uno de sus libros.

Diego M