Ayer leí en Clarín que hay más de 260.000 blogs en Argentina. Me sentí desencantado porque creía ser una persona especial por tener un blog (que boludo) y entonces pensé: (cuando pienso suelo usar los dos puntos antes de emitir la "idea") ¿cuál es la razón que te lleva a darte una vuelta por acá y no por los otros 259.999 blogs?
Descartando que seas un cibernauta ninfómano que quieras navegar todas éstas páginas, se me ocurrieron unas cuantas opciones, a saber:
A- Sos mi novia
B- Sos un amigo/a
C- Sos algún pariente (especificar)
D- Te gustó el nombre del blog
E- Te lo recomendó alguien
F- Caíste de rebote por un error del servidor
G- Otros
Te agradecería que me dejes un comentario con la respuesta a mi interrogante, o con algun insulto, o algun piropo (que viejo que sonó eso), o cualquier cosa que me quieras decir.
Gracias!
Diego M
4 de septiembre de 2007
3 de septiembre de 2007
El peso de la semana
A Jime
Las lágrimas canalizaron todo lo que no pude decir. Todo lo que aguanté en ésta semana. Todo lo duro que estuve para sostener la situación. Historias de posibles abortos y posibles suicidios que hubieran hecho que no estuviera sentado hoy acá, escribiendo esto. Tus lágrimas. Mis lágrimas. Y tu abrazo curativo. Lo importante de saber que uno no está solo para enfrentar el dolor. Porque vos lograste que me abra. Diste vuelta el espejo y me mostraste las cosas que estoy haciendo mal. Mi lado oscuro al que nunca quiero acceder.
Hoy transito un lunes dolorido pero iluminado. Aprendí mucho de mí y mucho de vos. Aprendí de NOSOTROS. Entonces me doy cuenta de que tenemos un proyecto, con todo lo que implica esa palabra. Me doy cuenta de que, al fin, estoy con alguien que me ama y que no me va a dejar en el medio del río. Me doy cuenta de que sos una persona maravillosa, aunque de eso me había dado cuenta hace bastante. Sé que tengo en quien apoyarme en estos meses difíciles que nos esperan. Sé que estoy con la mujer que merezco, la que era para mí.
Te amo.
Las lágrimas canalizaron todo lo que no pude decir. Todo lo que aguanté en ésta semana. Todo lo duro que estuve para sostener la situación. Historias de posibles abortos y posibles suicidios que hubieran hecho que no estuviera sentado hoy acá, escribiendo esto. Tus lágrimas. Mis lágrimas. Y tu abrazo curativo. Lo importante de saber que uno no está solo para enfrentar el dolor. Porque vos lograste que me abra. Diste vuelta el espejo y me mostraste las cosas que estoy haciendo mal. Mi lado oscuro al que nunca quiero acceder.
Hoy transito un lunes dolorido pero iluminado. Aprendí mucho de mí y mucho de vos. Aprendí de NOSOTROS. Entonces me doy cuenta de que tenemos un proyecto, con todo lo que implica esa palabra. Me doy cuenta de que, al fin, estoy con alguien que me ama y que no me va a dejar en el medio del río. Me doy cuenta de que sos una persona maravillosa, aunque de eso me había dado cuenta hace bastante. Sé que tengo en quien apoyarme en estos meses difíciles que nos esperan. Sé que estoy con la mujer que merezco, la que era para mí.
Te amo.
29 de agosto de 2007
Juan
Otro día gris de una persona gris. Juan no lo sabe. Es su vida y él la quiere tanto como podemos querer nuestras vidas usted o yo. Con altibajos, obviamente. Pero Juan quiere su vida.
Apaga con su mano derecha el radio reloj que está sobre su mesa de luz. El radio reloj no es un radio reloj cualquiera. Juan lo recuperó de la basura de una casa anónima, dónde lo esperaba la muerte final o las manos de algún cartonero. Lo llevó a su casa y lo reparó. Ésta es una de las pocas virtudes de Juan; reparar cosas.
Después de apagar el radio reloj, estira los brazos al cielo. Aunque esto último es una mentira, en realidad, Juan estira los brazos hacia el techo de su casa. Más arriba del techo de su casa se encuentra el cielo. Corre la sábana, que está bastante enredada por algún sueño perturbador; y se sienta en su cama. Se coloca las pantuflas de Winnie Pooh, que Juan sabe que le quedan ridículas. Pero las encontró de oferta en el Supermercado Norte que está a cinco cuadras de su casa. Al fin y al cabo, las usa sólo para andar adentro; nadie lo ve con las pantuflas. Ni loco saldría a la calle con Winnie Pooh en sus pies, para eso tiene las pantuflas de calle, las azules serias. Lo que pasa es que las de Winnie Pooh son más calentitas, ideales para arrancar desde la cama hacia el baño.
Juan ya está bajo la ducha. No le gusta consumir muchos minutos bajo el agua. Sabe que el agua es un bien escaso, y también sabe que en cinco minutos uno se puede duchar perfectamente. Por eso sale rápido de la ducha. Se seca con la toalla de “Norte”, se pone los boxer de “Norte” y vuelve a su habitación.
Continuará...
Apaga con su mano derecha el radio reloj que está sobre su mesa de luz. El radio reloj no es un radio reloj cualquiera. Juan lo recuperó de la basura de una casa anónima, dónde lo esperaba la muerte final o las manos de algún cartonero. Lo llevó a su casa y lo reparó. Ésta es una de las pocas virtudes de Juan; reparar cosas.
Después de apagar el radio reloj, estira los brazos al cielo. Aunque esto último es una mentira, en realidad, Juan estira los brazos hacia el techo de su casa. Más arriba del techo de su casa se encuentra el cielo. Corre la sábana, que está bastante enredada por algún sueño perturbador; y se sienta en su cama. Se coloca las pantuflas de Winnie Pooh, que Juan sabe que le quedan ridículas. Pero las encontró de oferta en el Supermercado Norte que está a cinco cuadras de su casa. Al fin y al cabo, las usa sólo para andar adentro; nadie lo ve con las pantuflas. Ni loco saldría a la calle con Winnie Pooh en sus pies, para eso tiene las pantuflas de calle, las azules serias. Lo que pasa es que las de Winnie Pooh son más calentitas, ideales para arrancar desde la cama hacia el baño.
Juan ya está bajo la ducha. No le gusta consumir muchos minutos bajo el agua. Sabe que el agua es un bien escaso, y también sabe que en cinco minutos uno se puede duchar perfectamente. Por eso sale rápido de la ducha. Se seca con la toalla de “Norte”, se pone los boxer de “Norte” y vuelve a su habitación.
Continuará...
Diego M
24 de agosto de 2007
21 de agosto de 2007
Destino alemán
A Fede, Elsa, Caro, Sebas, ¿se acuerdan?
Caminaste en esa urbanidad fría. Rodeado de ojos claros, de tecnología y perfección asquerosa, de movimientos autómatas. Extrañando la familiaridad de tu país. Buscabas a la mujer, la que podía ser la clave, o tener la clave, o darte algún tipo de información. Sentías todavía un humo dulzón en tu cráneo. Y los fragmentos de la noche anterior: miradas, cartas, preguntas.
Te sentaste en un banquito de plaza, como de juguete blanco gastado por el tiempo. Y de pronto el smog y las charlas llenas de consonantes: strudel, schumacher, studebaker, chucrut, lewergurst. Te agarraste al banco. La ciudad te daba vueltas pero vos pensaste en la tarjeta, en la clave que poseía. Sentías que el mundo entero jugaba al ajedrez y no entendías nada. Ahora, el olor a U2 y la melodía viscosa de “Sunday bloody Sunday” llenaban todo. Te ayudaban a sobrevivir. De pronto una mano en tu cuello; cálida, más que amiga. Cerraste los ojos y disfrutaste esos segundos. Necesitabas algo así. Sentías sus dedos (los de ella, los de Laura) recorriendo tu cuello, masajeando, rozandote con sus uñas pintadas de azul oscuro, su aliento en tu pelo, las caricias, la voz dulce, la tarde que caminaron juntos por el parque, las noches en tu casa, las fotos pegadas en la heladera, el olor del sexo en tu cama y su masajeo cada vez más fuerte. Abriste los ojos, ella es la clave. Pero ahora la mano se cerró en tu cuello y no es la de Laura…
Diego Monrroy
Caminaste en esa urbanidad fría. Rodeado de ojos claros, de tecnología y perfección asquerosa, de movimientos autómatas. Extrañando la familiaridad de tu país. Buscabas a la mujer, la que podía ser la clave, o tener la clave, o darte algún tipo de información. Sentías todavía un humo dulzón en tu cráneo. Y los fragmentos de la noche anterior: miradas, cartas, preguntas.
Te sentaste en un banquito de plaza, como de juguete blanco gastado por el tiempo. Y de pronto el smog y las charlas llenas de consonantes: strudel, schumacher, studebaker, chucrut, lewergurst. Te agarraste al banco. La ciudad te daba vueltas pero vos pensaste en la tarjeta, en la clave que poseía. Sentías que el mundo entero jugaba al ajedrez y no entendías nada. Ahora, el olor a U2 y la melodía viscosa de “Sunday bloody Sunday” llenaban todo. Te ayudaban a sobrevivir. De pronto una mano en tu cuello; cálida, más que amiga. Cerraste los ojos y disfrutaste esos segundos. Necesitabas algo así. Sentías sus dedos (los de ella, los de Laura) recorriendo tu cuello, masajeando, rozandote con sus uñas pintadas de azul oscuro, su aliento en tu pelo, las caricias, la voz dulce, la tarde que caminaron juntos por el parque, las noches en tu casa, las fotos pegadas en la heladera, el olor del sexo en tu cama y su masajeo cada vez más fuerte. Abriste los ojos, ella es la clave. Pero ahora la mano se cerró en tu cuello y no es la de Laura…
Diego Monrroy
17 de agosto de 2007
14 de agosto de 2007
Rewind
Sus dedos recorrían la madera de recuerdos. La foto de los cuatro en Mendoza. La alacena en donde su mamá guardaba el nesquik. El olor de los guisos, que te hacía doler la panza de hambre. Su habitación, en donde jugaba a ser actriz. Y el día en que se había olvidado de cerrar con llave, y Fede la había descubierto con la ropa de mamá jugando a ser Marilyn. La luz entraba por los ventanales, bailaba entre los fantasmas. Caminó por el patio, no vió el pasto crecido ni las flores secas. Estaban los malvones de mil colores, la rosa china y su mamá regando. Al fondo la esperaba el paraíso: la casita del árbol. Fede jugaba a su alrededor; reía, saltaba. No podía irse, no quería irse. Subió los escalones de madera deshecha, como tantas otras veces. Entró agachada a su casita. El juego de té la seguía esperando en el rincón. Se acurrucó. Pensó en Fede, en mamá, en papá. Y los tuvo a todos juntos. Así, volvió a convertirse en la niña feliz que tanto había extrañado.
Diego Monrroy
Diego Monrroy
9 de agosto de 2007
Deseo
Sí, es verdad
Las vacas beben
Los canarios gritan
Los elefantes duermen
Éstas cosas pasan
y soy testigo
inútil ojo mudo
pálido y sinsentido
Mis manos te buscan
y no piensan parar
Quizás en otra vida
o en otra habitación
La música martilla mi cráneo
Quizás mañana despierte
envuelto en tierra
o quizás sea retazos de lo que fui
No quiero volver atrás
los recuerdos me lastiman
Huyo hacia un futuro que no es
busco un camino
Quiero saltar el muro
Tocarte
Llegar
Diego M
Las vacas beben
Los canarios gritan
Los elefantes duermen
Éstas cosas pasan
y soy testigo
inútil ojo mudo
pálido y sinsentido
Mis manos te buscan
y no piensan parar
Quizás en otra vida
o en otra habitación
La música martilla mi cráneo
Quizás mañana despierte
envuelto en tierra
o quizás sea retazos de lo que fui
No quiero volver atrás
los recuerdos me lastiman
Huyo hacia un futuro que no es
busco un camino
Quiero saltar el muro
Tocarte
Llegar
Diego M
5 de agosto de 2007
Epílogo de algo más largo
Luego de su devastadora derrota en la batalla de Voldemonten, los ejércitos del malvado Gordon Bladd fueron debidamente juzgados y condenados a la muerte más tremenda.
A su vez, Viggo Bonachonen fue erigido como Rey Supremo de las Tierras Napolitanas, debido a su gran tarea en dicha batalla y a su incansable lucha por hacer siempre el bien, cortando las cabezas enemigas para salvar a su golpeado pueblo.
Así fue que se llegó a una nueva normalidad en las Tierras Napolitanas, sembradas ahora de un futuro esperanzador y abonadas debidamente con la sangre del ejército enemigo. El General Viggo se casó con una pobre plebeya (pero muy bonita, era Bonachonen pero no era ningun gilachonen) y disfrutaron muchos años juntos de felicidad, cariño, ternura, alcohol, drogas y fiestas negras.
Varias décadas después, el Rey Viggo murió de una sobredosis de buñuelos de acelga.
Ante este trágico panorama se llamó a elecciones. Tras un ballotage muy reñido, el malvado reconvertido (recién dado de alta de una clínica de rehabilitación) Gordon Bladd fue elegido como nuevo Rey Supremo obteniendo más votos que la (ya no tan pobre y ahora modelo de Playboy) plebeya viuda de Bonachonen. El ex malvado le prometió a su pueblo el rearme de su ejécito con el objetivo de invadir otros poblados, conquistándolos a puro corte de cabeza.
La segunda medida del gobierno de Bladd fue borrar las huellas del paso de los Bonachonen por el poder. Por lo que mandó a demoler las estatuas que homenajeaban al otrora líder del pueblo. La tercera medida fue la condena a muerte de la viuda Bonachonen y de los integrantes del ejército del ex líder.
Éstas medidas fueron anunciadas por el malvado rehabilitado, desde el balcón de su residencia, frente a la Plaza del Callo. La gente lo vivó mientras pisaba los restos de la estatua de Bonachonen.
Así fue que se llegó a otra nueva normalidad en las Tierras Napolitanas, sembradas ahora de un nuevo futuro supuestamente esperanzador e inundada debidamente con su sangre.
Diego Monrroy
A su vez, Viggo Bonachonen fue erigido como Rey Supremo de las Tierras Napolitanas, debido a su gran tarea en dicha batalla y a su incansable lucha por hacer siempre el bien, cortando las cabezas enemigas para salvar a su golpeado pueblo.
Así fue que se llegó a una nueva normalidad en las Tierras Napolitanas, sembradas ahora de un futuro esperanzador y abonadas debidamente con la sangre del ejército enemigo. El General Viggo se casó con una pobre plebeya (pero muy bonita, era Bonachonen pero no era ningun gilachonen) y disfrutaron muchos años juntos de felicidad, cariño, ternura, alcohol, drogas y fiestas negras.
Varias décadas después, el Rey Viggo murió de una sobredosis de buñuelos de acelga.
Ante este trágico panorama se llamó a elecciones. Tras un ballotage muy reñido, el malvado reconvertido (recién dado de alta de una clínica de rehabilitación) Gordon Bladd fue elegido como nuevo Rey Supremo obteniendo más votos que la (ya no tan pobre y ahora modelo de Playboy) plebeya viuda de Bonachonen. El ex malvado le prometió a su pueblo el rearme de su ejécito con el objetivo de invadir otros poblados, conquistándolos a puro corte de cabeza.
La segunda medida del gobierno de Bladd fue borrar las huellas del paso de los Bonachonen por el poder. Por lo que mandó a demoler las estatuas que homenajeaban al otrora líder del pueblo. La tercera medida fue la condena a muerte de la viuda Bonachonen y de los integrantes del ejército del ex líder.
Éstas medidas fueron anunciadas por el malvado rehabilitado, desde el balcón de su residencia, frente a la Plaza del Callo. La gente lo vivó mientras pisaba los restos de la estatua de Bonachonen.
Así fue que se llegó a otra nueva normalidad en las Tierras Napolitanas, sembradas ahora de un nuevo futuro supuestamente esperanzador e inundada debidamente con su sangre.
Diego Monrroy
3 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)