29 de marzo de 2010

Sala de espera

Los diplomas lo observan. El revistero lleno de reliquias inútiles espera por un nuevo lector. Carlos mira de reojo su reloj pulsera, no le gusta la hora que le devuelve. Desde el consultorio llegan los sonidos de siempre; la espera se hace eterna. Piensa en irse a tomar unos mates y pedir otro turno. Aunque no tiene apuro, ya está cansado. Un grito corta el aire. Golpes y más gritos. El consultorio parece un infierno. Llena sus pulmones de coraje y decide intervenir. Pero no puede. Está atado a la silla. Los diplomas le hablan, las revistas le hacen gestos, las paredes se aproximan. La sala de espera está hambrienta.

Diego M

5 comentarios:

josé dijo...

Magistral resumen de una sensación compartida. amigo Diego, una vez hablamos sobre esto, las inquietudes que despierta una sala de espera, sus movimientos, las personas con sus distintas angustias o recelos. Un abrazo, siempre ando por estos lares..

Lucas Berruezo dijo...

Muy bueno Diego. Breve, contundente y sumamente aterrador.

Diego M dijo...

José: las salas de espera tienen ese noseque...
Gracias por pasar siempre!

Lucas: Epa! que elogios! se agradece el comentario aunque sea desmedidamente positivo jajaja
Abrazo!

Indalecio dijo...

No llega a causarme terror, pero es cierto eso de las salas de espera. Una especie de ansiedad, tensión.
Muy buen texto! Un abrazo.

Diego M dijo...

Indalecio: estaría bueno hacer un super relato en base a experiencias, humores, amores, horrores y otras cosas con respecto a las salas de espera ¿no?
Gracias por el comentario!