12 de noviembre de 2009

Gris verdoso

Republicado a cuento de nada y a gusto del autor


Lo peor era que los robots no entendían. Se miraban unos a otros, se rascaban la cabeza. Tomaron algunas muestras y ordenaron echar otra capa de asfalto encima. No iban a permitir que esa sustancia verde y enmarañada, a la cual algunos humanos llamaban "pasto", siguiera creciendo y tapando el hermoso gris de su ciudad.

Diego M

20 de octubre de 2009

Historias obreras para coleccionar y anillar

Hoy me hicieron una audiometría. En tiempos de vacío de ideas, cualquier cosa que a uno le suceda y que esté medianamente fuera de la órbita rutinaria, debe ser plasmado en un texto, el cual, más temprano que tarde (e inevitablemente) será publicado en el blog. Esto que escribí vendría a ser algo así como la “Ley de Emergencia Bloguística ante la falta de ideas” capítulo 15, inciso 4wzf.
Volviendo a lo acontecido, decía que hoy me hicieron una audiometría (que no es la primera ni será la última). Para los desentendidos del tema (que supongo serán varios) una audiometría consiste en ponerte unos auriculares y pasarte a un volumen excesivamente bajo y a intervalos, unos pitidos que suenan mas o menos así: piiiiiiiiiiiiii piiiii piii. Entretenido ¿no? Te lo van cambiando de oído, como para que no te duermas, lo que por supuesto no ocurre, porque uno está compenetrado, queriendo oír mas allá de lo conocido, peleandole el trono del oído absoluto al recuperado Charly García.
Alguno se preguntará ¿como es que uno le hace saber al “audiometrista” ¿? si escuchó o no escuchó el semitenue pitido?. Conozco dos tipos de experiencias audiometrísticas:
-La primera consiste en levantar la mano del oído en que se escuchó el sonido (método “del saludo audiometrístico”) El punto negativo de este método es que, si la audiometría se estira lo suficiente, uno se queda con una buena contractura en el músculo del o los brazo/s. El mismo músculo que se contractura cuando se juega al padel o al tenis (y no me pregunten como se llama, por eso les doy esos datos y ningun nombre)
-La segunda consiste en pulsar una tecla “tipo velador” (método “del velador audiometrístico”). El punto negativo en éste es que al audiometrista no le calienta en que oído se escuchó el pitido, por lo que uno puede estar muy mal de un oído y fenómeno del otro y aprobás el examen con 6 (pero estás medio jodido).
El asunto es que cuando estoy por entrar al minigabinete en donde hacen la audiometría (creo no haberles contado que este examen (y otros) se hacen en un micro-bondi, tipo casa rodante vieja y hecha pelota) siempre estoy pensando en que la sobredosis de recitales que me dí en el correr del año seguramente me dejó el tímpano flameando y la/el audiometrista se va a dar cuenta y me va a bochar de la prueba y entonces de patitas a la calle, sin laburo y a empezar de cero (no, peor, de cero y encima mediosordo) Y ahora que leo esto, pienso en como le habrá ido con la audiometría al tipo que labura conmigo y es de apellido Del Sordo, no puedo creer que la haya aprobado.
Para finalizar les dejo el final ¿feliz?: salió todo bien y afortunadamente seguiré trabajando 9 horas al día (o más) en una empresa multinacional de capitales estadounidenses.
¡Que lindo!
Gracias por leer hasta acá y disculpen la actualización tan seguida del blog.

Diego M

18 de octubre de 2009

El relax no es un buen compañero

Las posibilidades de que tu jefe entre a la oficina y te vea en actitud relajada después de haber trabajado varias horas sin parar son inversamente proporcionales a lo buena que sea tu relación con él.

Diego M

17 de septiembre de 2009

Los milagros de la medicina

Buenos Aires, año 2031

En el día de ayer, el equipo médico de la Fundación "Artistas Unidos Por Un Futuro Mejor" (A.U.P.U.Fu.M) dio en ésta capital una conferencia de prensa con importantes anuncios para la sociedad. "Hemos descubierto algo que, al fin, hará nuestro futuro mucho mejor" comenzó diciendo Mauricio Pérez Cánepa, el jefe médico de la Fundación, ante un auditorio colmado en su capacidad. "El ser humano posee desde su nacimiento un gen que lo hace proclive a conductas repudiables, tales como la delincuencia y la drogadicción" continuó, la frase fue acompañada por miles de expresiones de asombro y esperanza. "En el día de hoy queremos revelar a nuestra sociedad éste descubrimiento, aunque el mismo ya viene poniéndose en práctica desde el año 2015. De 1.000 casos tomados como patrón, el resultado positivo al test ha sido de un 99,9 % de efectividad" y las miradas de asombro tornaron en júbilo. Hasta se escuchó un gritito ahogado de una señora del fondo. "Nada de esto hubiera sido posible sin el aporte desinteresado de personalidades notorias de la sociedad. Ellos mismos me pidieron que los mantenga en secreto, pero ustedes saben bien quienes son" . El auditorio rompió al grito de "Su-saaaa-na, Su-saaaa-na", "Mar-ceeee-lo, Mar-ceeee-lo" y varios nombres más. El Dr Pérez Cánepa pidió tranquilidad a la gente. Luego de unos segundos, sonrió satisfecho. "No quiero entrar en detalles demasiado técnicos, pero el test es muy sencillo de realizar. Se extrae sangre del bebé recién nacido, y se la somete a un rápido análisis que no demora más de 15 minutos. Si el gen "droga-delincuente", como hemos decidido denominarlo, aparece en la sangre del pequeño, el mismo es retirado de los brazos de la madre y llevado a una sala especial". "Doctor ¿Qué se le hace al bebé en la sala especial? ¿se comienza algun tipo de tratamiento?" tomó la palabra un periodista radial. "Lamentablemente no hay una cura ni un tratamiento posible para ésta afección en el adn. El bebé no verá la luz del día, si eso es lo que usted desea saber", sentí a mi alrededor tímidas respiraciones contenidas, pero el estallido que les siguió, las dejó en el olvido.
"La Fundación continúa perfeccionando el método. Tenemos la intención de detectar el gen al comienzo del embarazo, o incluso antes de que el niño sea gestado, mediante un análisis genético de los padres. Imagínese un mundo en que esté prohibido mantener relaciones sexuales a dos personas genéticamente incompatibles. Sería la perfección" Sí, ya tenía a la gente en el bolsillo.
La noticia se propagó por el país, la gente salió masivamente a las calles, al ritmo de las cacerolas, con pancartas de agradecimiento hacia los doctores y hacia los benefactores de la Fundación.
Pero el mundo nunca puede ser "perfecto". En la Plaza de ShowMayo, los policías y los dealers también quisieron hacer oír su voz. Un policía de la federal sostenía una pancarta que rezaba "Dejen vivir a los futuros delincuentes". Lanzaron un llamado a la huelga y a cortar calles y avenidas. Un mundo sin lugar para ellos se avecinaba.


Continuará (aunque no se sabe cuando)
Diego M

31 de agosto de 2009

Bostezos

Otro día más. Pantuflas, agua en la cara, cepillo, toalla y el reflejo de siempre pero más despeinado. El reloj lo apuró pero la corbata no quería terminar de anudarse. Su pesimismo le decía que no iba a llegar a tiempo a la oficina. Pero siempre llegaba justo. Se terminó de poner el saco con la clásica mueca de asco y salió. Mientras iba hacia la escalera vió de reojo que una señora estaba esperando el ascensor. Pensó estúpidamente que él iba a llegar abajo antes que ella y esbozó una mueca que no era sonrisa. Bajó los escalones de dos en dos sin miedo a resbalar porque los zapatos eran nuevos. Llegó al hall del edificio y miró hacia el ascensor, la luz del uno se estaba encendiendo. El sillón negro de cuerina estaba del lado derecho del hall, justo debajo del cuadro de la mujer con paraguas amarillo. Le pareció que eso no estaba así ayer, pero José vivía cambiando las cosas de lugar desde que lo había dejado su mujer.
Salió a la vereda, la calle, el smog, la sinfonía descontrolada de bocinas. La boca del subte se abrió a veinte metros, como esperando alimentarse de esos peatones que se metían en sus fauces para ser expulsados por otra boca, en otro lado. Bajó las escaleras, también de dos en dos. Fue directo hacia el molinete porque siempre tenía un viaje de más en la tarjeta. Se encontró con dos señoras viejas y chismosas que le impedían el paso en la escalera mecánica. Resopló, y el pelo de lunes rebelde se levantó. Con la mano derecha buscó el peine de albergue transitorio en el bolsillo derecho de su pantalón. Pero no estaba. Con esa misma mano trató de aplastar a los rebeldes con la ayuda de los restos del gel barato. Se metió por la puerta del subte dejando a la bocina en el andén. Flotaba un olor a café rancio que le hizo acordar al trabajo. Había poca gente en el vagón. Aprovechó para sentarse al lado de la puerta del costado izquierdo. El andar tosco del subte lo invitó a la siesta. El yate, el agua, Paula le pidió que le pase protector solar por el pecho, él lo hizo suavemente, Paula tomó su mano derecha y la llevó hacia abajo y la bikini… “Estación terminal, por favor desciendan todos los pasajeros”. Otra vez la bocina. Su cuerpo saltó del asiento y llegó a pasar a través de la puerta salvando a su tobillo izquierdo de la decapitación. Cambiaron las publicidades alcanzó a pensar antes de que la escalera mecánica se meta bajo sus suelas.
Otra vez de dos en dos y las bocinas le pegaron en la cara con toda la crudeza de una mañana de lunes con el sueño a medio terminar. A diez metros el kiosco de diarios. A la derecha del kiosco el hall de su rutina. Entró sin saludar, como siempre. Subió al ascensor, marcó el cinco con la mano izquierda mientras su mano derecha tapaba un bostezo maratónico. Se abrió la puerta, salió y giró a su derecha. Movió la cadera hacia su izquierda para esquivar algo que no estaba. Se ajustó el saco y miró su reloj antes de pasar por la puerta. Levantó la vista y se encontró con Ana. Aunque esto no era del todo cierto: la Ana que él conocía era morocha y de unos cuarenta años. La que estaba delante suyo no tenía más de veinticinco y era pelirroja. “Ésta no es la oficina de Kramer y Asociados” le dice con un gesto serio. Es más, ni siquiera existe tal firma en este edificio. Él gira sobre sus zapatos nuevos y masajea sus ojos con los dedos de la mano derecha. No es su oficina, no caben dudas. Sale al pasillo empapelado pastel que es muy parecido pero sin la máquina de café a la salida del ascensor. Baja los cinco pisos y la puerta se abre al hall. Los cuadros impresionistas vigilan sus pasos hasta la puerta. Y otra vez la calle. Mira la dirección del edificio: no es Callao. El maxikiosco de Pablo no está y el que atiende el kiosco de diarios es canoso. Encima lo empieza a mirar mal. Tartamudea unos pasos hacia la esquina. Quiere preguntarle por Callao al viejo que mira la vidriera. Pero el viejo no responde, y aprieta con más fuerza el bastón. Caras, barbas, corbatas, maletines le pasan por los costados, lo rozan, lo chocan. La masa de trajes lo obliga a ir hacia la esquina. Le pregunta a una chica de rulos por Callao. La chica apura el paso sin mirarlo.
Lleva la mano derecha al bolsillo para buscar su celular: tiene que avisarle a Víctor que va a llegar tarde, que… ¿no encuentra la oficina?. El celular no está. Ve un locutorio en la vereda de enfrente. El semáforo se pone en verde. Cruza. Cabina tres. El dedo índice le tiembla y no puede apretar el cuatro. Marca el teléfono de la oficina: “no es un usuario en servicio”. Intenta otra combinación, en lugar de tres cinco piensa que puede ser cinco tres. Pero no. Sale del locutorio y camina hacia no sabe dónde. La boca del subte parece tener más hambre que hoy a la mañana. La gente entra y la boca se los mastica derramando baba hacia sus lados llenos de dientes, la misma gente que lo mira y le hace muecas de asco y se ladran unos a otros mientras las bocinas zumban en una sinfonía más descontrolada que se mete por su oído izquierdo y siente como le pisan las neuronas una por una y avanzan por su nuca y se juntan en su frente y ¡¡¿Taxi!!?Lleveme a, lleveme a…

Diego M

28 de julio de 2009

El abecé del Jefe

¿Hoy? tranquilo, ingresate estos repuestos y cerrá las ordenes aquellas, ¿cuales? las que están pendientes desde el mes pasado. No te hagas problema, está todo bajo control. Che, cuando puedas dejá lo de los repuestos y ponete con este trabajito, sí, con el powerpoint de las mejoras en la máquina, sí, ya sé que no es urgente pero estaría bueno que vayas adelantando, claro. Largá un rato lo de las ordenes, te entiendo que están pendientes desde hace rato, claro, y que te pedí que las cerraras, pero ahora andá a atender a aquel proveedor, el que está allá, el de barbita. Ese. Fijate que cotice los trabajos que te dije el otro día. ¿Como que no te acordás?, lo de la pintura y las rejas del perímetro. Ok, acompañalo y después venite a seguir con lo de los repuestos, ¿el powerpoint? dejalo pendiente, total, hace más de un mes que me lo tenés que preparar, no te vas a apurar ahora. Pará, vení, hay una urgencia, ¿el proveedor de barbita? que espere, al fin y al cabo le vamos a dar laburo ¿no?, si no decile que vaya a recorrer la fábrica solo, si él la conoce ya, cotizó varias cosas antes. ¿Que cual era la urgencia? fijate en el archivo de compras, me están pidiendo que busquemos otra casa de repuestos para estos ítems, sí, son urgentísimos, va a parar la empresa si no los conseguimos para la semana que viene. Pará, me dicen que mañana va a parar la empresa si no me conseguís eso, sí, para hoy a la tarde tienen que estar. Vení un cachito para acá, andá a ver este asunto con la gente de finanzas, no puede ser que todavía no nos depositaron la plata de la requisición. ¿Cual urgencia? ah, la del archivo de compras, sí, es crítico, pero si los de finanzas no nos depositan no podemos comprar los repuestos y se para la empresa. Puta madre che, no podés hacer dos cosas a la vez vos, ¿ingresaste los repuestos? mirá si lo que estamos buscando por todos lados está ahí en la mesa de entrada y vos no lo viste ¿atendiste al proveedor? ¿como que lo dejaste solo? ¿sos boludo vos? ¿y las órdenes? ¿las cerraste? ¿pero no te das cuenta que en dos días tenemos auditoría y nos van a romper el culo? y nos van a pedir el powerpoint también ¿como que está a medio hacer? ¿vos me querés volver loco a mí? ¿y viste a la gente de compras? ¿y a la de finanzas? pero sos un pelotudo vos, andá a hablar con la gerenta de recursos humanos y pedile tu indemnización, no, no hay vuelta atrás ¿que estoy loco? pero mirá que caradura que sos ¿sobrecarga de tareas? vos no tenés vergüenza ¿sabés lo que sos vos? un vago, eso es lo que sos.

Diego M

21 de julio de 2009

La hora señalada

-¿Tenés hora?
-No
-¿Y cómo hacés?
-¿Para saber la hora?
-Sí
-Miro el sol
-Ah ¿sí? ¿y que hora es?
-Son las tres cuartos cielo y media terraza del edificio de al lado con nube

Diego M

22 de junio de 2009

Instrucciones para deshacerse del celular

Otro homenaje a Julio

1-Introduzca su teléfono celular en el bolsillo de alguna prenda. Para tal objetivo pueden ser utilizados un pantalón, una campera, un buzo con bolsillo tipo canguro u otros.
2-Cerciórese de realizar ésta acción minutos antes de colocar dicha prenda a lavar. La prenda puede ser lavada en lavarropas automático, semiautomático, nadaautomático o incluso de manera manual.
3-Espere tranquilamente la finalización del lavado degustando unos mates, un aperitivo, viendo televisión o leyendo un buen libro y fumando en pipa.
4-Al finalizar el lavado, quite las prendas del lavarropas y cuelguelas preferentemente en el patio de su casa.
5-Luego de unas horas de sol, recoja la ropa de la soga en la que fue colgada. Si hubiera sido colgada en la casa del vecino, pidale primero autorización para entrar a descolgarla.
6-Al doblar la ropa, extraiga cuidadosamnete el teléfono celular del bolsillo izquierdo de la prenda en la que fue colocado. Importante: debe fingir una actitud de sorpresa si está acompañado por alguna novia/o, amigo/a o pariente en ese momento.
7-Intente encenderlo.
8-Coloquelo de adorno en algun mueble o bien arrojelo a la basura. Nota ecológica: ésta última acción puede causar daños al medio ambiente segun Greenpeace.
9-Disfrute de su vida sin mensajes de texto ni molestas llamadas a cualquier hora.

Diego M

Nota del autor: este método es prácticamente infalible, aunque se han presentado casos de celulares testarudos que se resisten a la muerte.

10 de junio de 2009

El peligro de leer por las noches

-El lunes terminé un libro y casi no me pude dormir
-¿De la emoción?
-¿Qué emoción?
-De haber leído algo, digo, es casi un milagro...
-Bueno che, tampoco es para tanto
-¿Y por qué no podías dormir?
-Era un libro de suspenso, de esos que te ponen los pelos de punta...
-¿De donde salió la frase "los pelos de punta"? no la entiendo!!
-Que se yo! son frases hechas, o sea que las hizo alguien, pero a veces no dejan la explicación a mano
-Me decías entonces...
-No podía dormir y dejé la luz prendida, recién ahí pude conciliar el sueño
-¿Que ganás con dejar la luz prendida?
-No sé bien, pero de chico creía que la luz mataba a los monstruos
-Ah bueeee, tu caso es bastante grave parece
-¿No sabías eso? también, si te tapás con la sábana hasta la cabeza, los fantasmas no te pueden hacer nada
-Me estás jodiendo
-De verdad te digo, a mí me funcionaba!
-Que lo hicieras de pibe te creo, pero ahora tenés más de 30 años!!
-Pero no hay soluciones nuevas ¿que querés que haga?
-Llamá al 911
-Bárbaro ¿y qué les digo? ¿"un fantasma larguirucho en cuyo ojo se puede ver toda la eternidad me mira desde el espejo del baño"?
-Si decís eso te van a mandar una ambulancia en lugar de un patrullero
-¿Entonces?
-No se... empezá a leer otro libro!
-¿No será mucho leer dos libros en un año?
-Un empacho literario te va a dar
-Sí, pero es mejor eso que taparme con la sábana y dejar la luz prendida

Diego M

11 de mayo de 2009

De los días lluviosos y de los fritos

El 53,9 % de las personas encuestadas reconoce que la lluvia les despierta el deseo de comer tortas fritas acompañadas con mate. Pero el 85,1 % de las mismas confiesa quedarse con las ganas por falta de tiempo, de compañía, de harina o de ganas de amasar y/o freír.

Diego M