2 de junio de 2011

Mi pobre angelito

Joaco se quedó parado frente a la veterinaria. Tenía los ojos fijos en un cartelito de tamaño mediano, que no destacaba entre todos los demás. “Me perdí el 20 de mayo”, decía.
“Me perdí”... Él sospechaba que Juan y Lucía subestimaban su inteligencia, pero esto era el colmo. El cartelito tenía una foto suya debajo de las palabras, una foto que no lo favorecía, pensó, y también una descripción bastante acertada de su físico.
En ese momento decidió que se iba a tomar una semana más de vacaciones.

Diego M

3 de mayo de 2011

Capitalismo salvaje

Lo extraño no fue la frenada, el estruendo de la chapa retorciéndose o los gritos de los peatones. Lo extraño no fue que Hernán quedara tendido en el piso, con las piernas fracturadas y la clavícula fuera de lugar. Lo extraño tampoco fue que haya ocurrido un accidente a esa hora de la noche y en esa esquina.

Lo verdaderamente extraño, fue que Hernán murió pensando en que no iba a terminar de pagar el auto, en que no iba a poder ver a Eric Clapton en River, en que no iba a poder estrenar la notebook, en que no iba a poder cobrar la indemnización.

Diego M

15 de abril de 2011

La peor miseria en FM Signos

A veces hay que hacerse algo de autobombo ¿no?
Les cuento que el proximo domingo (17/4), Matilde López Camelo va a leer un texto de mi autoría en la radio. Acá les dejo la info completa.

Gracias por estar siempre.

Este domingo 17 de abril, se podrá escuchar

"La peor miseria" de
DIEGO MONRROY


en el programa Caminando
(conducción: Matilde López Camelo)
de 20 a 21 hs a través de Fm Signos (92.5).

Escuchalo:
en Fm 92.5
(si estás en Saavedra, Núñez, Belgrano, Vicente López,
San Martín, San Isidro, San Fernando o Tigre)

o en www.fmsignos.com.ar


La peor miseria
fue publicado en el libro Cruzagramístico BLA. A Matilde le llegó el libro y, por suerte, le gustó mucho mi texto, tanto como para leerselo al aire a su audiencia.

Aprovecho para agradecerle a Matilde por la difusión de mi obra, y a Jime por el armado del mail para la difusión.

19 de marzo de 2011

¿Existe todavía mi blog?

A Jime, por el empujoncito

Un mediodía, navegando tranquilo por las aguas internéticas me vino a la cabeza la pregunta del título. Dudé un momento, las mandíbulas blogueras no suelen dar tregua a las lagunas (casi oceanísticas ya) de un pichón de escritor "medio pelo". Entonces googleé (¿se escribe así? un corrector a la izquierda por favor) Urbanicomio, el buscador no me preguntó si estaba equivocado o quería poner otra cosa menos rebuscada, algo así como "Urbanismo". Y entré de nuevo acá, corrí unas ratas a escobazos, saqué telarañas con un plumero medio desarmado y corrí el polvo de los muebles con mi franela de letras.
Acá estaba de nuevo, después de vueltas al mundo, a la cabeza y al-que-decir. Me senté en el sillón de la falta de ideas y contemplé a mi alrededor: fajos de papeles amarillos, cuadernos sin hojas en blanco, posters del Manteca Martínez y de Los Pericos, condompos charlando detrás del machimbre mohoso y muchas otras cosas. Oí algo imperceptible, muy a lo lejos. Fui hasta el rincón detrás de la biblioteca, me arrodillé y miré: una idea parpadeaba desde el fondo del agujero, con ojitos achinados por la falta de luz y sorprendida al ser iluminada por la linterna de mi celular.

Diego M

14 de diciembre de 2010

Asco

Yo no ocupo
Tu no ocupas
Ellos son OKUPAS

Morochos malolientes
drogadictos, vagos, delincuentes
Nos invaden nuestra impoluta Nación

Argentinos blanquitos pseudoeuropeos
vs
Boliparaguayos negritos indígenas

Ay que mal estamos
entra cualquiera y pide y pide y pide
Y yo pago mis impuestos
y los tengo que ver todos los días
¿por qué no los tapan?
¿por qué no los esconden?

La escuelita de Mirtha, Susana, Macri y Feinmann
sigue entregando diplomas a granel
Ay que mal estamos
¡¡la xenofobia al palo!!

Diego M

7 de diciembre de 2010

Bla bla bla (viernes 10/12)

-Vos sos puro bla bla
-Nada que ver, eso es lo que decís vos pero está lejos de ser la verdad, te lo digo porque mis otros amigos nunca me dijeron nada al respecto...
-Bla bla bla
-...y mirá que a todos los veo seguido y pasamos horas charlando y nunca una queja con respecto al...
-Bla bla bla bla
-... tema de conversación, incluso cuando les prometí regalos o sacrificios a cambio de algo siempre cumplí, preguntale al Tincho, al Gordo o a Cleopatra y vas a ver que es así, no se a que...
-Bla bla bla bla bla
-... viene tu ataque hacia mi persona, ni siquiera se que quiere decir que soy "puro bla bla"
-Yo tampoco, pero de lo que sí estoy seguro es de esto:


Grupo literario Cruzagramas

y

Centro Cultural San Martín - programa Corré la voz / FM en tránsito
- Ediciones Artilugios


presentan:



Micros para viajar a donde quieras/2

Ediciones Artilugios

Presentación del libro BLA, de autores cruzagramísticos

Con show de cuentos a cargo de: Marita von Saltzen y Walter Politano

Entrevistas: Denise Destéfano "La Sibyle"

Coordinación general: Sebastián Barrasa "El Zaiper"


Viernes 10 de diciembre - 19:00 hs.
Centro Cultural San Martín, (Sala F)
Sarmiento 1551 - Ciudad de Buenos Aires, Argentina

entrada libre y gratuita


¿Te lo vas a perder? ¡¡Te esperamos!!

Diego M

23 de noviembre de 2010

Peces de colores

buscando luz entre la apatía
intentando sonrisas entre insultos
bufones poéticos
risueños luchadores abocinados
malabaristas del qué dirán

vagos insaciables
buscadores de monedas manchadas con sudor laboral
artistas de las infinitas esquinas
almas brillantes

llenas de mugre las patas
lleno de risas el corazón

Diego M

25 de octubre de 2010

Catarsis a la Argentina

Odio a Mirtha, a Moria y a Susana. Y a todas las que se/les cuelgan el cartelito de "diva".
Odio a los intolerantes, a los perversos, a los opositores por la oposición misma.
Odio a los argentinos que hablan mal de la Argentina desde afuera.
Odio a los argentinos que disfrutaron la década del 90, a los de "Gracias a Menem conocí el mundo entero" viajando sobre la sangre del desempleo y el vaciamiento.
Odio a los prepotentes detrás de un volante, y a los farsantes delante de un micrófono.
Odio a los que no aportan, a los que critican porque sí.
Odio a los jefes soberbios, maltratadores, inútiles escondidos detrás de un escritorio.
Odio a los barrabravas y a los periodistabravos.
Odio no poder saber cuando me mienten y cuando me dicen la verdad.
Odio todo eso y mucho más.


Diego M

11 de agosto de 2010

Pasillos de tiempo

Dedicado a mi archivo de textos, que cada tanto me trae una grata sorpresa a falta de nuevasbuenas ideas


Oscuridad.
Enzo flota. Gira y flota. Sueña y flota.
Un ladrido lo devuelve a la sala de espera del sanatorio. Una mujer de unos 50 años sale del consultorio, tironeada por su coqueto perro salchicha. La mujer lleva una pollera larga. Roja y verde. También tiene unos anteojos negros, enormes como ojos de mosca. Y tiene una especie de blusa, si es que se puede llamar así a una serie de trapos superpuestos y coloridos. La mujer se pierde por el pasillo. Su perro no ladra más.
Enzo busca su reloj en la muñeca izquierda. No está. Piensa en que debería estar. Piensa en que salió del trabajo con el reloj. Piensa en que llegó a su casa con el reloj. Piensa en que se sacó el reloj para bañarse. Piensa que se lo volvió a poner para ver al doctor Imhoff, su nuevo dentista. Y piensa en que llegó al sanatorio con el reloj. Y se durmió. Y ahora no está. Busca el reloj de pared que estaba a la izquierda. Las 22:05. No debería ser tan tarde. Se levanta y va por el pasillo, recorriendo el mismo camino que la mujer extravagante y su perro coqueto. A su izquierda están las puertas de los consultorios, perfectamente numeradas. La 8 es la del doctor Imhoff, y desde ahí van descendiendo hasta la 1. Enfrente del consultorio 3 encuentra una ventana a su derecha. No cree haberla visto cuando vino, pero ¿quién sabe?. No se ve nada. Al parecer, realmente es de noche y él se quedó dormido un par de horas en la sala de espera. Se acerca e intenta abrir la ventana. El aire de la primavera siempre le cayó bien. Pero no puede abrirla. No parece cerrada, no tiene ninguna traba a la vista. Pero no se abre. Odia las ventanas modernas. Piensa que deberían venir con un manual de instrucciones para poder abrirlas.
Sigue por el pasillo. Está buscando a la recepcionista. Una chica de unos 25 años, de sonrisa muy bonita y ojos claros. Gira en un nuevo pasillo a su derecha y encuentra la recepción. La chica no está. Pero están las planillas en donde anota a los pacientes. Está la lapicera, que no tiene el capuchón puesto. Y hay un café, un cortado, que todavía despide un leve humito muy tentador. Y está por la mitad. Enzo no quiere esperar a la chica. Piensa que está con algún enfermero o con algún doctor, aprovechando los beneficios de la hora. Sigue caminando por ese pasillo verde. El pasillo del consultorio del doctor Imhoff es blanco. Éste pasillo es verde y después de girar a su izquierda ingresa en uno rosado. En este hay más puertas que en los otros dos, pero no están numeradas. No entiende como la gente del hospital sabe a que puerta entrar. Enzo llega al final del pasillo. A su derecha hay otra ventana. Le devuelve la imagen de un patio descuidado: pasto alto, plantas secas y un solo árbol caído. Todo está regado por el tibio sol de la primavera. Afuera es de día.
Vuelve por el pasillo rosado. A mitad de camino sale a su izquierda otro pasillo, más angosto, más oscuro. Siente un aroma exquisito. De carne a la plancha. Se sumerge en el pasillo oscuro, tanteando las paredes para no caerse. El aroma lo envuelve, hipnotiza a su estómago. El pasillo se angosta cada vez más. Enzo empieza a caminar de costado. Choca con algo. Ahoga un grito en su garganta. Tantea. Encuentra un picaporte. Abre la puerta y entra a una cocina pequeña. Hay una plancha en donde se está cocinando un pedazo de carne. Hay dos copas sobre la mesa. Dos platos, dos tenedores y un solo cuchillo. Cierra la puerta y vuelve por el pasillo oscuro. Al pasar cerca de la pared engancha el interruptor y las luces se encienden. El pasillo es de un tono rojo, como el de la carne a medio cocinar. Sigue adelante. Llega a una bifurcación: un pasillo celeste a su izquierda, un pasillo gris a su derecha. No recuerda ninguno de los dos. Pero su memoria anda fallando últimamente. O por lo menos eso le dijo el doctor Viedma antes de recetarle las pastillas caras. De eso sí que se acordaba.
Va hacia su derecha. A lo lejos escucha música. No sabe qué música. Tal vez sea clásica. Vuelve sobre sus pasos. Odia la música clásica. Cruza una puerta y se encuentra en un salón de baile. Una pareja baila al ritmo de la salsa. Otra pareja baila un vals. Otra baila un rock. Enzo pasa entre todos ellos. Está buscando el consultorio del doctor Imhoff, no quiere perder su turno. Cruza otra puerta. Comienza a vibrar el celular en su bolsillo. Lo saca. Es un recordatorio: “cumple de Pedro”. ¿Quién es Pedro? El celular no tiene señal, ni crédito, ni batería. Enzo sigue por este pasillo marrón. Té con leche se podría decir. Va tanteando los picaportes: todas las puertas están cerradas. Alguien lo llama por su segundo nombre. Enzo creía que nadie conocía su segundo nombre. Se dirige hacia la voz, hacia el final del pasillo. La voz se aleja en lugar de acercarse. Enzo tropieza con una tabla de surf. La levanta y la observa. Nunca practicó surf. Nunca vió una tabla de surf. Nunca fue al mar. Sigue por el pasillo. Encuentra un reloj en el piso. Son las 21:30. Se pone el reloj en la muñeca derecha, al lado del suyo. Y sigue caminando. Gira a su derecha y entra al pasillo verde. Cuelgan grandes telarañas del techo. Enzo piensa en que deberían mejorar la limpieza del sanatorio. Un niño pasa a su lado en un monopatín. Lleva anteojos negros y una campera con tachas. Tira el monopatín y entra en un consultorio. Enzo se acerca a la puerta. Se para frente a ella. No se escucha la voz del niño. No se escucha nada. Sigue por el pasillo y vuelve a la recepción. Pero no le parece la misma recepción. Están las planillas. Está la lapicera sin capuchón. Pero ahora hay un mate. Y un termo. A lo lejos alguien canta el cumpleaños feliz. Y se escuchan ladridos. Enzo gira. Ve al final del pasillo verde al perro salchicha coqueto de la mujer extravagante. Enzo gira. Ve al final del pasillo gris a la mujer extravagante sin su perrito coqueto. Enzo gira. Ve al final del pasillo celeste una puerta con un gran cartel. Camina hacia ella. Es un pasillo sin puertas ni ventanas. El piso es celeste. Las paredes son celestes. Se cruza en su camino una cucaracha. También es celeste. Llega a la puerta. El cartel dice “Saludos para Enzo del Dr Imhoff”. Enzo gira el picaporte y entra. Sale a un pasillo blanco. Parece el primer pasillo pero ¿quién sabe? Le cuesta caminar. Sus pies se adhieren al piso de chicle. Se saca las zapatillas y sigue. A su izquierda sale otro pasillo blanco. Ve el banco en donde estaba esperando. Va hacia él y se sienta. Justo frente a la puerta del consultorio del Dr Imhoff. Mira el reloj de pared: las 21:30. Mira el reloj en su muñeca derecha: las 22:05. Piensa en el tiempo. En como pasa sin que nos demos cuenta. Mira la puerta. El consultorio. La puerta del consultorio. Él y la puerta.
La puerta.

Diego M

13 de junio de 2010

Restos de fiesta y demases

Supuestamente soy un escritor y debería sentarme hoy a contar una muy buena historia desde una perspectiva novedosa, con un toque personal y final con vuelta de tuerca que te deje pensando. Claro, que fácil suena pero que difícil es.
En cambio, te ofrezco un mucho más humilde post "tipo blog", en el que te voy a contar que cumplí años hace muy poco (soy otro de los tantos geminianos cruzagramísticos, una plaga!), que fue uno de mis mejores cumpleaños: mi casa explotó de visitas (bueno, unas 15 personas el sábado y otro tanto el domingo, pero, si me conocieras, sabrías que eso es realmente una explosión de visitas para mí). Amigos, familia, primer cruce entre familias políticas (exitoso!) y demás.
También te cuento que no estoy escribiendo nada, pero estoy leyendo algo (Ciencias morales, de Martín Kohan, pinta muuuy bien) y poco más. Algun día volveré a sacar la cabeza del taper, la lapicera del tintero, las ideas del galpón y la cantidad de metáforas que se te ocurran con respecto a las épocas "en blanco". En octubre me caso, así que, tal vez, no prometo nada, el 2011 se venga con una chorrera de textos sobre las desventuras, las alegrías y los tropiezos del hombre casado. Hasta que termine el año, veremos que puedo ofrecer.
Ahora sí, después de toda esta perorata te voy a ser sincero, actualicé el blog sólo para que te des una vuelta y veas que limpié la casa, la reordené, la pinté y le cambié unos chiches, como para no aburrirme mientras no escribo. Gracias por pasar.

Diego M